El otro día llegue a casa, encendí la televisión y me dispuse a ver un buen partido de fútbol. Un equipo vestía de rojo y otro de azul. Cada jugador buscaba únicamente los mejor para su equipo, aunque para ello tuviese que engañar al árbitro y mentir. Pero... espera un momento, de repente me di cuenta de que aquello no era un partido de fútbol...
¿Cómo iba a serlo? Aquellos jugadores no llevaban ropa de deporte; llevaban un traje y una corbata. Y en lugar de estar en un campo de fútbol esos señores jugaban a tirarse la pelota dentro de una sala circular repleta de cómodos asientos acolchados. Pero había algo que realmente se parecía a un partido de fútbol, todos aquellos señores acosaban al árbitro, le engañaban y mentían sin pensar en él. Aunque tardé un poco, al final me di cuenta de que esa persona vestida de negro era yo, bueno, en realidad también eras tú, tus amigos, tus familiares y el resto de ciudadanos de a pie.
Al fin y al cabo en eso es en lo que se ha convertido la política. Un equipo trata de vencer a otro utilizando a los ciudadanos como excusa e intermediarios. Poco le importa a esos señores trajeados lo que piense el pueblo, bueno, salvo en periodo de elecciones, entonces todo cambia. Los políticos sufren un cambio radical, se preocupan por los más desfavorecidos, inauguran hospitales, pabellones y colegios hasta que mellan el filo de la tijera y no paran de salir en fotografías junto a bebés preciosos. Un cambio bastante sospechoso, la verdad.
Los gobernantes se han olvidado de los gobernados, los han convertido en una especie de pañuelos de usar y tirar. Cada cuatro años se preocupan por sus necesidades pero una vez llegados al poder parece que se olvidan de ellos y se centran únicamente en combatir con el partido de la oposición. Si esto ayudara al ciudadano... pero además, toman medidas basadas en estadísticas escritas sobre el papel, sin tener en cuenta las consecuencias que acarrean.
Los políticos deberían dejar de pensar en el partido contrario como si fuera un rival al que superar y empezar a verlo como un aliado. Un aliado que también tiene el objetivo de mejorar el país, con ideas diferentes que se podrían desarrollar en conjunto con la propias para hacer unos cambios que favoreciera a quien verdaderamente debe favorecer: a las personas.

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